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Testimonio 1

Estimado Dr. Antonio Sanz R.:

Me dirijo a usted humildemente, para expresar mi infinita gratitud a la paciencia, dedicación, profesionalismo y por sobre todo al grado de humanidad que ha demostrado en mi caso a lo largo de todos estos años, en donde ha volcado toda su experiencia y sabiduría, al entregar y devolverme la seguridad, dignidad y sobre todo el volver a sonreír, lo que me hace sentir una mujer completa y plena. Quisiera en un breve relato hacer una retrospección de un pasaje de mi vida y compartirla con Ud., para que pueda entender y sentir el gran pesar y sentimiento que en alguna oportunidad me embargó. arbol otoñalComo Ud. bien sabe, soy una mujer de 70 años y pienso que aún me falta algo en la vida para completar el ciclo en la tierra, sin embargo, también quiero terminar mis días, con el mejor estado de salud y apariencia. Me inserté en el plano laboral por el año 1971 aproximadamente como auxiliar de enfermería, luego me desempeñé en el área de Máxilo Facial cerca del año 1973 colaborando con un sin fin de médicos internos, docentes de esta área, sin embargo conforme iban pasando estos profesionales por dicho servicio (a los cuales acompañé con tanta lealtad y profesionalismo), también iba pasando el tiempo para mí, fue así como se fue desencadenando paulatinamente un proceso en mi vida que en algún minuto pensé sería irreversible, fui perdiendo inexplicablemente piezas dentarias y paradójicamente yo trabajaba en el Servicio de Salud, específicamente en el área de Máxilo Facial.

jardinIndependientemente de prestar mis servicios en el área, no recibía de quienes debía algún tipo de consejo o soporte, para entender y sobrellevar este oculto dolor; transcurrieron los años y mi sonrisa se fue apagando poco a poco, hasta mi personalidad fue mutando involutivamente. Padecí muchos años hasta que lo conocí a Ud. en 1998 aproximadamente y comenzó a darme ayuda, a levantar mi autoestima y reflotar mi personalidad de la cual había estado carente durante mucho tiempo. Recuerdo nítidamente que a fines de la década del 90 y después de un exhaustivo proceso, chequeos, exámenes y operaciones me puse en sus manos y confié para transitar por este difícil y doloroso camino, en un comienzo fue una operación de cadera en donde se me extrajo un extracto de cresta ilíaca, para trasplantarlo en mi maxilar superior producto de un grave problema de reabsorción ósea; seguido de esto, continuó el proceso con el uso de prótesis removibles y una serie de insumos que por más de una vez pensé en abortar, pero ahí estaba Ud., cual amigote ayudándome a soportar esos grandes demonios de la deserción.

A fines del año 2001 aproximadamente finalizamos este largo camino de rehabilitación que fue coronado en un fundido abrazo de satisfacción por haber llegado juntos a la meta y con lágrimas no de dolor, sino de esperanza, satisfacción y agradecimiento hacia usted. El año 2010 una pieza central se fracturó con el desgaste de material, sin embargo, estamos en proceso de atención permanente y siguiendo metódicamente las indicaciones entregadas por usted.

Por último quisiera comentarle que la vorágine del trabajo, competencia y consumismo, hay que entenderlo de alguna manera hoy en día y la frialdad es una constante en algunos profesionales y facultativos. Es por esto que quise plasmar en esta humilde nota mi sentir, resaltando el gran norte de humanidad que Ud. refleja y que sepa que con el hecho de hacerme sonreír nuevamente ha devuelto los atributos de personalidad que en algún momento perdí.

LENIA ULIANA ALIAGA ABALLAY
RUT 3.976.019-3
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